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La especie humana es como una plaga y la extinción parece ser su destino

La especie humana es como una plaga y la extinción parece ser su destino

 ­­Ecologista con un amplio bagaje a sus espaldas, activista de la organización Greenpeace durante veintitrés años, los diez últimos como director ejecutivo, Juan López de Uralde presentó ayer en el Club Diario de Mallorca su libro El planeta de los estúpidos, "una visión personal de los problemas medioambientales", revela. No oculta que en el programa de EQUO, su futura formación política, figurará el cierre definitivo de todas las centrales nucleares. "Es algo que está en el adn de todo ecologista", recalca.

Juan López de Uralde, durante su intervención de ayer tarde en el Club Diario de Mallorca.

 

 

 

 

 

Juan López de Uralde, durante su intervención de ayer tarde en el Club Diario de Mallorca.  Lorenzo

—¿Qué nos ofrece en su libro?
—El planeta de los estúpidos es una visión personal de los problemas medioambientales: el cambio climático, la escasez de agua, el tratamiento de los residuos y la alarmante pérdida de biodiversidad. Comienza en la cumbre del clima de Copenhague y el hilo me lleva a los veinticinco años que llevo militando en movimientos ecologistas. Describo los orígenes de cómo me involucré en esta lucha.
—¿Cuál es el objetivo de EQUO?
—EQUO es un proyecto liderado por diversas personalidades de la sociedad civil a los que no satisfacen las soluciones que dan los partidos políticos a nuestras preocupaciones actuales. Se trata de construir un proyecto político en el espacio verde.
—Aspiran a conseguir el diez por ciento de los votos en las elecciones generales de 2012. ¿No le parece que es una expectativa demasiado ambiciosa?
—No aspiramos al diez por ciento de los votos en nuestra primera presencia electoral. Lo que hemos dicho es que en Europa los partidos verdes se mueven en esos porcentajes y no creo que en España haya una conciencia ecológica menor que en el resto del continente. Por eso aspiramos a captar a ese diez por ciento del electorado a medio plazo.
—¿Qué colectivos agrupa?
—Organizaciones no gubernamentales de ayuda al desarrollo, de lucha contra la pobreza, gente del mundo sindical... Un amplio espectro de personas de la sociedad civil.
—¿Qué propone su partido?
—Apostamos por la ecología y la equidad y por un modelo energético basado en un cien por cien en las energías renovables. La clave del éxito será convencer al electorado de que desde lo verde también se pueden dar soluciones a la crisis económica. Impulsando los sectores de las energías renovables o la agricultura ecológica, por ejemplo. Debe haber una nueva ordenación del mercado laboral que, básicamente, debe consistir en trabajar menos para trabajar todos. Porque sabemos que va a ser muy difícil generar millones de empleos en el futuro.
—¿En qué situación se encuentra su pleito con los tribunales daneses tras el incidente en Copenhague?
—Estamos exactamente igual al día en que volví de Copenhague tras permanecer 21 días encarcelado, pendiente de la formulación de cargos por parte de la fiscalía.
—¿Se arrepiente de esa acción? (Se coló en una recepción que ofrecía la reina de Dinamarca a los jefes de Estado y de Gobierno asistentes a una cumbre climática y desplegó una pancarta)
—No. Hicimos lo que teníamos que hacer y fue un acto que tuvo mucha repercusión mediática.Indudablemente también tuvo su lado oscuro. Esos 21 días que pasé en la cárcel.
—¿Qué trato le dieron?
—No me pegaron ni me torturaron, pero sigo creyendo que fue un castigo desproporcionado. Me aislaron sin dejarme leer la prensa, navegar por internet o comunicarme con personas en el exterior. Y la falta que había cometido se limitaba a entrar en una fiesta sin invitación. Y por esto nos trataron como a terroristas.
—La cumbre climática de Copenhague fue un fracaso. ¿Está la especie humana cavando su propia fosa con su actitud?
—Nuestro comportamiento como especie no está en equilibrio con su medio. Somos como una plaga que usa los recursos hasta su esquilmación y su destino parece ser el de la extinción.
—Cristina Narbona, Elena Espinosa y Rosa Aguilar. ¿Cuál es en su opinión la mejor ministra de Medio Ambiente?
—Sin lugar a dudas Cristina Narbona ha sido la mejor ministra de Medio Ambiente de la democracia, la única que intentó seriamente llevar a cabo políticas medioambientales en el país. Impulsó leyes y decisiones como la de derribar el Algarrobico para preservar el litoral, aunque finalmente no se pudo llevar a cabo.
—Centrales nucleares. ¿Hay que acabar con esta forma de producir energía?
—Por supuesto que sí. Este será un punto clave de mi programa electoral, el cierre definitivo de todas las centrales nucleares. Este es una cuestión que está en el adn de todo ecologista. Y el cierre de estas centrales no sólo es necesario sino que también es posible. Reemplazando esta forma de producir energía con las renovables.
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