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Él, y su idea

En España hay más gente que ve a Belén Esteban que a Eduardo Punset. Sin embargo casi nadie reconoce que ve a la Esteban y mucha gente miente cuando afirma que ve a Punset.

En España todo el mundo estaría de acuerdo en afirmar que Punset es más inteligente que la Esteban. Sin embargo, todo el mundo lo sabe casi todo de la Esteban y en cambio la gente casi no sabe nada de Punset, más allá del socorrido “un ciéntifico muy bueno” (sic)

De las dos afirmaciones anteriores se extraen dos datos:

-A la gente le interesa Belén Esteban.

-A la gente le interesa la idea de ellos mismos viendo a Eduardo Punset y molándoles /interesándoles/entendiendo algo de lo que dice.

Pero no él. Su imagen. Interesa la imagen de alguien que no somos pero nos gustaría ser. Alguien que entienda un libro de física, alguien que se interese por la mecánica de flujos del cerebro, pero que en realidad no somos ni lo vamos a ser nunca. A mí, por ejemplo, me interesa mi imagen yendo al gimnasio: me encanta imaginarme motivado, en las máquinas, o en la piscina, desconectando de todo. Pero no soporto ir al gimnasio, porque odio la gente motivada, los culturistas, el olor a cloro, las taquillas y la luz de fluorescentes. Misma cosa con el fútbol: nada me gustaría tanto como que me gustara.

La imagen de Punset es inapelable: nadie le critica. A la Esteban, todo el mundo la critica: hasta sus fans. Y eso tiene mucho que ver con que a la Esteban la entendemos cuando habla. La comprensión establece una barrera de respeto basada en la idea de que, si no entiendo nada, el tonto soy yo. Y que si lo entiendo todo, el listo soy yo. Y esa es la primera barrera: no nos puede gustar nada que no entendamos, como no podemos desear nada que no hayamos conocido. Sólo su idea.

Eso sí: si mezclas a Punset con otra cosa, igual entonces te empieza a gustar.

Él, y su idea

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